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Me pase en tiempos y lugares equivocados, sistemas de protección frente a todo y cuanta cosa tuviese de respuesta un -NO- rotundo. Una conclusión en mis oídos y bastante música para convertir en vida, cantar escondida y hasta ruborizada. La palabra "volar" me deja sobre el piso, cuando quiero y hasta dónde quiero, con un apretón que busco, llamo y espero, una y otra vez, siempre y cuándo quiera nuevamente. Tengo fantasías absurdas, no exageradas ni cerca de lo promiscuo, es sólo esperar la tarde, alcanzar el colorido arrebol y traerlo sin presión.
La clase de vampiros emocionales la perdí, aunque debo reconocer que fue lo mejor que pude extraviar. Siempre digo que es "el momento", cosa que acarrea el "me largo". No considero válido el silencio, he ignoro el hablar demás, simplemente prefiero rascar el suelo y colgarme de ella en casos extremos, quizás de un dedo o tres, la idea es no soltarme.
Me siento fácil, no en su totalidad, sin embargo, me gusta sentir y temer.
Hoy me agrada lo que cuestiono y más aún el hecho de no olvidar el interminable dilema, aquel que quita con éxito tanta historia -no- cuento.
¡Qué más da! Sigo pensando en frases clichés, en un final feliz y en el incierto -para siempre-. Es fácil creer sin estar pegada a un extraño fenómeno que hablan tantos, es fácil ir sobre lo necesario, inconsecuente y no valorado, a pesar de todo, hoy me considero fácil, creyente y despistada, pero falta eso, el tema en cuestión; Para siempre.
Me quedo con la imaginación abierta, los pies eufóricos y las palabras reales.
Quiero todo de cada cosa, ahora y cuando más te reproche. Quiero un todo de un real
-siempre-, quiero verdad que revuelve despacio, inquieta y agrada. Quiero volar y cerrar los ojos, dejar que alguien me guíe, aterrice y sea un nunca.
No creo pedir tanto, más que dirigirme hacia el sol.