
He aprendido a hablar, sonreír, vivir y recordar.
El significado más grande del mundo existe día a día, al despertar y volver a dormir por algún motivo que aún no entiendo.
Pero algo sí puedo compartir contigo y conmoverme al pensar que hay algo que sí logra ser indestructible, ésa pequeña y hermosa realidad dentro de mi mundo; ser tu hija.
Desde el momento en que descubrí ser una más de tu vida, acepté disfrutarnos de alguna manera, y así es desde que me viste nacer.
Ojalá hubiese sido yo quién te recibiera con los brazos abiertos, ser yo la que hubiese confiado en ti al darte ese empujoncito necesario en tus primeros pasos, enseñarte modales y como hablar, oír la primera palabra, saber de memoria tus manías y cuidarte al dormir. Hubiese sido inexplicable ver una extensión de mi, y con el tiempo explicarte que hay muchas cosas allá afuera, situaciones y vivencias que te dañarían, momentos desagradables y gente mala, situaciones que enfrentar y amores que olvidar, sin embargo, algo quedó para mi, algo está en mis manos mientras viva y te vea vivir; agradecerte cada día el hecho de respirar por ti y para ti en un futuro.
Tu me has dado todo, me tomaste en brazos cuando caí, me abrazaste cuando alguien me dañó, me amaste sin conocerme y te esfuerzas siempre por mantenerlo, mejorarlo y complacerme.
La vida para mi, hoy a mis 22 años no sería nada, no seríamos nada junto a las 3 extensiones que ríen de ti o por ti, absolutamente nada, ni siquiera nombres, niñez y felicidad.
Eres la persona más loca y perfecta que pude ver y no recordar al momento de llegar a este mundo, tenerla como madre y amiga, confidente y compinche, para mi eres inexplicable, lo mejor que he visto.
Eres y serás lo más eterno mientras viva, y cuando termine el ciclo de ambas, seremos el recuerdo en generaciones.
Te amo mamá, tres palabras que seguramente absorbí de ti, y hoy claramente sé su significado.
Y recuerda que faltan pequeños bandidos que dirán abuelita algún día. Espèralos, espèranos, nunca te adelantes.