martes, 6 de julio de 2010

Veo mi blog.


Hoy no quiero distorsión ni bajas defensas, no pretendo sostener una taza ni tragar algo bueno, hoy no quiero, simplemente no quiero.
No quiero dormir y saber que haré al despertar, lo que viene y no viene, lo hablado y mal intencionado, para mi nada, hoy nada.
Mi enojo fuera, mi cabeza torcida y pecho de ida, mi auto que no tengo, la vista de lo que necesito y algo que no recuerdo. Pero sigue ahí, con algo tan diminutamente inmenso sobre mí, como la nube de película sobre mi cabeza, y esa sensación de dormir fuera de casa.
Me rio de la vida y eso que siempre escucho, o casi nunca escucho, porque no quiero.
Hoy no quiero caminar por la calle ni toparme con conocidos, me disgusta pensarlo incluso, vivirlo tal vez. Y escucho lo que quiero, fumo lo que tengo y camino hacía estar sentada. No me parece que escribo divertido, ni me rio seguido, para la gente es más fácil sonreír. Y a la gente y a mí nos gusta mirar en el metro, pisar baratas y desvanecerse sobre lo que quiero.
No es que la gente haga lo que yo quiera, sino que para ellos es raro todo cuando se siente. Desde mi suela hasta que sé yo.
Cuando quiero pastel no hay, cuando me quemo con el té quiero agua helada y al ver que ya me cansé, dejo el té y como pastel.
Hoy no quiero nada y a costa de no querer, viene todo lo que me ofusca.
A veces desear mucho algo, es convertirse en víctima de la irrealidad.