jueves, 24 de junio de 2010

Detalles de fábrica.


Desde que veía a mi madre desde abajo y me escondía en sus piernas, he soñado con aprender a coser. Yo creo que fui la más caprichosa y buena para el berrinche, porque de una u otra forma conseguía lo que quería, pero todo era con una simple razón; tener mi linda máquina de coser.
En ese momento no sabía el significado de aprender cosas, memorizarlas y aplicarlas, yo solo cosía y armaba tenidas para mis muñecas, que más allá de ser muñecas, eran mujeres decapitadas de tanto peinarlas. Y lo conseguí, tuve mi máquina, lo malo es que ya era muy tarde, muy grande y la encontré demasiado pequeña.
A pesar de todo aprendí a usarla, pero nunca pude hacer algo con ella.
Antes para mi, “el gran proyecto” era convertirme en diseñadora, la mejor para mis barbies, incluso nació por aquel tormento de verlas desnudas. Pero las cosas cambian, mi proyecto es diferente y ya boté mis muñecas. Hoy parece ser otra cosa lo que me motiva, sin embargo, siempre ha sido coser, crear y estar orgullosa de lo que pueden pensar mis manos.
Ahora tengo una máquina, una real y bien chúcara, me puede hacer daño si me altero y hasta comer mis dedos en un segundo. En cambio sigo queriendo ver hasta qué punto llego, a ver si puedo crear como mi madre y dejar sus piernas cuando me asuste algo.
MI máquina cose telas, cierres y lleva aguja, mi cuerpo tiene piel y un corazón… ¿Y sabes?
Mi proyecto es único, le mejor que he soñado y deseo consolidar.
- Cuándo aprenda a coser lo roto de mí y a descoser lo que hace de mi una persona imperfecta, te diré lo bueno de ella, los dedos que herí al hacerlo y el millón de costuras que me falta por tizar en mi.
(Un secreto: hoy le hice basta a mi cabeza).