miércoles, 8 de junio de 2011

Cuenta Re


Cuando eran 4 años y 3 días de relación, ya eran más de 365 días pensando en que vendría.

Fue tema de conversación en alguna cena juntos, en aquel día de parque y maravillas por doquier. Siempre me aterró escuchar la palabra, comentarla o verla como futuro, pero ambos sabíamos que así sería, tú más que yo claro.
Tomé tazas de café pensando en cuánto tardaría en superarlo, en cuánto tiempo aparte del que ya había usado para crecer junto a ti sería necesario para entender la situación y quedar en –comienzo-. Pero no conseguí nada, absolutamente nada en tanto que di vueltas en mi cabeza, nada de lo que sí anhelaba. Sentía algo extraño, no podía ver el lado positivo, lo lindo de la experiencia, lo productivo de estar sin ti, sin embargo, no alcancé a tocar la comprensión de todo, cuando frente a mí vi lo que tanto temí.

- Hiciste tus maletas y buenos deseos para mí, el éxito en tus manos, la pena por aquí.

Tenía preparado el discurso triste en mi cara, las palabras en los abrazos interminables y cuanto beso puse en tu vestimenta, pero no tenía nada que decir, nada bueno como siempre.


Amado temporal:

No quise hacer verbal la sensación de dejarte ir, menos pidas que te quiera cuando no estés.

Mi gran forma de amarte estos años se va con el impulso de un segundo, con esa idea de dejar aquí a quién te vio dormir, y te quiso mientras nadie debió. Me quedo aquí sin nada y con la cabeza llena de todas esas putas que besarás, con ésos paisajes que disfrutarás sin mi presencia, y el olor en tu boca por las mañanas.
Me quedaré con el egoísmo de haber amado a un ser que tiene el don de decidir, de abortar algo que significó el día a día y no un –para siempre-.
Adopté mi cuerpo y alma, me robaste el corazón cuando quisiste y ahora que solo quedo yo, puedo decir que me debes. Me debes el hecho de haber tocado todo lo que nadie pudo, de haber conocido lo más oculto de mí, me debes el cariño que aún tengo pegado en la vista y la pena que nunca merecí. Ojalá te emborraches y encuentres novia, tengas hijos y una casa hermosa la cual amoblar, Ojalá tengas dicha y mujeres, disfrutes lo bueno de estar lejos, de no ser visto por conocidos y que nadie desagradable te reconozca al pasar. Ríe cuantas veces puedas y come lo más extraño de ése lugar, pero si te digo, que para mí serás las comida más extraña e imposible de comer por lo que me queda de vida.

Cuando esté de vuelta tu discurso y anécdotas por contar, te recibirá mi gato, el café descompuesto y mi viaje de ida, la cama llena de hombres que toqué en tu ausencia y ese poco amor en el retrato de la pared hace 4 años y 3 días de mentiras.

Buen viaje.

Te ama, Amalia.