miércoles, 8 de junio de 2011

Pasadonopisado


Amalia sigue en mí y cada 6am recuerda quién soy en verdad.
Ojalá llegara el día y por esas cosas de la vida, nunca llegase la hora exacta, ese calorcito de rabia y no de cariño, esa amargura que intento olvidar cuando ya está por desaparecer.
Cuando toca a mi puerta casi siempre parezco vulnerable, es como si el hecho de no poder defenderme le agrada, le alimenta y más aún cuando enfrento la realidad propia.
Ojalá no existiera tanto que escuché, tanto que vi. Ojalá pudiese retroceder dos pasos y quedarme estancada, inmóvil en el acto, para así, haber decidido no avanzar. Pero es el borde de lo que quise, es la manía de entrar de vez en cuando a aquello que mordió mi fe.
A pesar de caminar erecta y tener un brillo innato en los ojos, podría contar mi historia en un segundo, incluso menos triste.
Ya después de años, defectos y vivencias, caigo del círculo con mala señal de nunca haber aprendido a perdonar, perdonar eso que no merezco explicación y carezco de personaje principal.
La mala señal es que comencé a extrañarte desde aquel día en que choqué en tu indiferencia, cuando en minutos decidí amarte a pesar de todo. Ya estoy acabada, destruida y mordida por la palabra singular, por el dedo que nadie hubiese tocado y por él de manera suicida.
Prometo no ser negativa durante el día, en tu compañía, cuando esté alegre, incapaz y volátil,
Prometo creer en ti, borrarme la vida, crearme de nuevo, pero no me pidas, nunca esperes, que te ame de madrugada.