Era la noche en que todo parecía quieto, silencioso y muerto, aunque mi mente hablaba de otra forma.
Creí haber hecho mil promesas, unas en cuanto a mi dignidad, mi naturaleza tan marcada y los infinitos vaivenes que respiré.
No estoy aseada, ni por dentro, ni por fuera, parezco algo menos que la imagen, más por donde quieras enredarte y todo lo que no deseo. Permití que una voz baja y suave volara entre mis inquietudes, divulgando quién iba a ser durante años, cómo iba a lucir junto a él y lo hermosa que era al sonreír, pero no lo viví, no lo sentí y solo escuché.
Un trago y 50 cigarros fueron 2 horas, mis piernas dormidas, casi inertes a medida que pasaban los minutos, era atravesarme una y otra vez, sin embargo, nada podría cambiar mi opinión.
Me acercaba a los 210 minutos y nada se veía mejor, nada como aquel improvisado encuentro. Eras el mejor en tus años, ahora, eres el que queda.
- Hola, ¿luzco repugnante no es cierto?
No hubo respuesta, no hubo nada más que volar entre ropas, desaparecerme y sentirme, solo sentirme.
El juego era de él, se manifestaba con cada extremidad, chocando con todas ellas mi cuerpo inalcanzable. No era nada en contra de la vida, pero quería matarlo, asfixiarlo con cada beso que apareciese, con cada travesía entre los dos y nadie más. Era más bien el mejor roce entre dos esperanzas, una inevitable complicidad, un silencio, que más que silencio, era corrupto donde lo viese. Mi velocidad no tenía remedio, en cambio él, me aceleraba la sangre, tocaba mis muslos, me hacía suya, de pies y cabeza, devorando mis caídas y alargando aquella sutil manía que amé desde ahí.
Mi cuerpo similar a odio, así me veía, sin tantos detalles, me amarraba y apretaba sin cesar, diciendo sin detenerse que amaba lo que era y cómo respiraba.
-Ahí fue, cuando me enamoré de nosotros
martes, 30 de noviembre de 2010
adelante.-

Cambiemos el tema, pon música, sigue adelante.
Ya es tarde para comenzar ese tipo de juegos que para mí son bastante obvios. Hace años atrás hubiese podido manifestar todo aquello relacionado con mi ira, malinterpretar y hasta quizás, desobedecer mis instintos, en cambio ahora, prefiero escupirlo.
Esa actitud que odio en los demás y por ende llevo siempre conmigo, quiebra mi cabeza, la destruye de a poco y por poco, queda nada. He intentado mil y una vez conocerte, descifrarte y de acuerdo a lo anterior, llevo cero. Viví con él, contigo y el más atrás, jugué con él, contigo y el más atrás, sin embargo, no me lleve nada, no llevo nada y quedo en lo dicho.
Podrías seguir interrumpiendo, robando todo en el camino, arrasando con eso que jamás has querido y por nivel de autoestima y cobardía, sigues atrapando, y no contaré absolutamente nada, no hablaré de esto, menos dejaré que uno de varios convierta lo libre, en algo internamente putrefacto.
Puedes ir, puedes correr, puedes querer y no hacerlo también, puedes siempre, no me importa, tampoco deseo insertarlo, pero si llega, si lo crees y algún día lo vives, patea tu cabeza.
Yo no, basta con el maldito rol de saber y decir siempre vacío, me cansé de este lugar inhóspito y vagabundo, donde siempre el final, es el comienzo de más palabrerías.
Si esta vez es mi turno de perdonar, quita de tu frágil cerebro que aquí existirá, olvida que haré un movimiento al respecto, y con cara de otra recibiré lo ya pasado.
- Vive, pero lejos de mi.
lunes, 29 de noviembre de 2010
~ cállate
Amalia es mi peor enemigo, esa excusa barata que llevo siempre, aquella majestuosa migraña de domingos y el calorcito cuando no quiere discutir. Por mí que ella quedase impregnada en mis cuentos estúpidos, en esa manía que sólo yo puedo entender, porque después de unos segundos, me vuelvo aburrida. He tenido que golpear mi sexto sentido y divagar en esa baja actitud que me gusta y me tolera, qué sería yo sin mi frágil disposición, qué sería de mi sin ésas indiscutibles manifestaciones de error, pecado y un sinfín de etcéteras.
Sé que a la mañana siguiente te burlas de mí, sé que padezco y merezco el postre, sólo y simplemente lo sé. ¿Y si no sé?
- Diría (no por primera vez) “he perdido la salida”.
Ahora me gustan las verduras, pero no las como. Es como la mala costumbre de idealizar, de ver tanta maravilla en algo o alguien que en estos tiempos; respiran y están muertos.
He descubierto que me aferro a mi vida, y cada vez que lo hago sinceramente, y no como Amalia; me gusta lo que soy.
- Sepa usted que últimamente tengo una sutil pérdida de tiempo, el mejor descubrimiento de Amalia y yo.
¿Has oído tu corazón antes de dormir?
- El mío aún vive.
Sé que a la mañana siguiente te burlas de mí, sé que padezco y merezco el postre, sólo y simplemente lo sé. ¿Y si no sé?
- Diría (no por primera vez) “he perdido la salida”.
Ahora me gustan las verduras, pero no las como. Es como la mala costumbre de idealizar, de ver tanta maravilla en algo o alguien que en estos tiempos; respiran y están muertos.
He descubierto que me aferro a mi vida, y cada vez que lo hago sinceramente, y no como Amalia; me gusta lo que soy.
- Sepa usted que últimamente tengo una sutil pérdida de tiempo, el mejor descubrimiento de Amalia y yo.
¿Has oído tu corazón antes de dormir?
- El mío aún vive.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)