lunes, 29 de noviembre de 2010

~ cállate

Amalia es mi peor enemigo, esa excusa barata que llevo siempre, aquella majestuosa migraña de domingos y el calorcito cuando no quiere discutir. Por mí que ella quedase impregnada en mis cuentos estúpidos, en esa manía que sólo yo puedo entender, porque después de unos segundos, me vuelvo aburrida. He tenido que golpear mi sexto sentido y divagar en esa baja actitud que me gusta y me tolera, qué sería yo sin mi frágil disposición, qué sería de mi sin ésas indiscutibles manifestaciones de error, pecado y un sinfín de etcéteras.
Sé que a la mañana siguiente te burlas de mí, sé que padezco y merezco el postre, sólo y simplemente lo sé. ¿Y si no sé?
- Diría (no por primera vez) “he perdido la salida”.
Ahora me gustan las verduras, pero no las como. Es como la mala costumbre de idealizar, de ver tanta maravilla en algo o alguien que en estos tiempos; respiran y están muertos.
He descubierto que me aferro a mi vida, y cada vez que lo hago sinceramente, y no como Amalia; me gusta lo que soy.
- Sepa usted que últimamente tengo una sutil pérdida de tiempo, el mejor descubrimiento de Amalia y yo.

¿Has oído tu corazón antes de dormir?



- El mío aún vive.