domingo, 31 de mayo de 2009

Retroceder, reír y continuar.


¿Cuántos días has deseado vivir nuevamente?
Son más de dos mil días despertando y queriendo dormir simplemente, invadidos de la volatilidad en su totalidad, algunos fantaseando y coloreando unos que mueren al ser pasado. No necesito tener la mente de tres hombres a la vez, tampoco anhelo crear un libro para demostrar en ello, que pude ser más inconsecuente de lo habitual. Pero nada es tan ligero como lo fácil, nada logra aumentar en mi sangre la posibilidad de ser feliz, sin embargo, la vida irremediablemente se va en la búsqueda de algo tan intangible. He distribuido mi vida, con cuentos a medio terminar e historias que extrañamente nunca debieron existir, he creado un avión en mi camino y en él encontré lo dócil , lo puro y repentino. No creo en la verdad de quiénes manifiestan años de prosperidad y abundancia, contando a los cuatro vientos que la felicidad está en el lugar exacto e ignoran si deja de visitarlos. Todos, absolutamente todos sueñan con terminar en un círculo, esperanzados sin límites, permitiendo de una u otra forma, seguir el viento que muchos han de construir, pero me rehúso a detenerme en el borde, ahí, en dónde esperan por algo después de seguir la pauta, en ese lugar que difícilmente lograré aceptar.
No creo en la vida sin sonrisas, en la etapa de amargura y el primer amor sin desilusiones, no vivo del qué dirán o lo exótico en mi personalidad, sin tapujos me da náuseas estar inserta en un camino que no he dibujado en mi mente ni quiero encasillarme en el ejemplo de un ser ejemplar. Yo vivo de mis impulsos, sean buenos o literalmente pésimos, no está en mi cabeza la idea de cambiar por aquel, o por ellos, sinceramente no lo haría ni por mi. La vida me crea apologías día a día, enorgulleciendo mi don de ser libre, soñar libremente y junto a eso aumentar mis energías al momento de sentir destrucción en vano.
Tengo la certeza de respirar y disfrutar de manera -básica- el hecho de extrañarme en ocasiones, sin duda, no sería nadie si no rugiera una batalla constantemente dentro de mi, claro está que mis horas sin el dilema de encontrarme y perderme sería una más de tantas. Me parece abstenerme cuando no era necesario y fuertemente valoro las risas cuando están fuera de lugar, pero nunca me ha importado, nunca lo hará, no mientras sea -LA- de unos millones.
Quiero clarificar señores y señoritas (si así puedo llamarlas), que éste personaje no odia, no se queda, no busca ni espera, extraña y vive, siempre vive y vivirá cuando más deseen su extinción. A su favor está la decisión de aceptarme y no obsequiar lo intenso en común, de lo contrario puede hallar infinitas formas de evitarme, encararme y odiarme en silencio como ésos que no he de extrañar. Será válido cada día que ría, porque entre más feliz sea, más endeble e inocente me verán, porque mi mente es la llave y mi cuerpo es la débil jaula que no pretende demostrar un -sí- en todo.
Para mi el sexo es jerarquía, la vida un lapsus individual y el odio un plebeyo bajo mi zapato.

Sólo un día quisiera vivir nuevamente:

-. Cuando comprendí que la dulce verdad escondía una mentira en potencia.

Me gusta cuando me encuentro, me pierdo y me entiendo así misma, pero más disfrutaría retroceder y reír estando fuera de lugar.

jueves, 28 de mayo de 2009

Eutanasia




¿Cómo no ves?
construí una pared, dos ladrillos y siete quinientos.
Soy una de esas, debes saber a cuales me refiero ... ¿estás ahí?
Quieres pelear conmigo, está bien, pelea conmigo; no lo hagas.
Y quién sabe si el sentido de seguir ahí y no estar también, es parte de un plan del cual no quiero participar, no cuando soy de ésas ni de nadie. Y disimulas bien el comienzo, manejas a la perfección la lluvia púrpura y mantienes el juego aunque haya terminado.
¡Pero qué bien! me sorprendes, siempre y cada vez más.
Mis amigos dicen que estoy loca, creen que me llevas loca y por ser loca, eres un loco también. Y qué, la locura está dentro del que alza primero, el sujeto rápido y la mente siniestra, en cambio yo, sigo siendo la loca del loco.
Y me pica el cansancio, huelo a quemado y me sobra no querer otra vez,
pero sígueme y aviéntame; todos lo hacen.

¿Cómo no ves?
mejor me aviento sola.

miércoles, 13 de mayo de 2009

No congeniamos, entiéndelo.

Ella es insensible
Él es frío


Despertar.

No hablan y no tambalean; ellos mueren.
Todos los días es así, nada saben del otro, no comparten el estrecho saludo y lejos están de amar nuevamente. Quizás padecen olvido crónico, sin extrañar un poco lo melosos que eran, fueron y ya no existe(n). El trabajo, el stress, contaminación acústica, enredos pasionales, sexo sin amor y por si fuese poco; una vida de dolor.
No oyen los discos de meses anteriores, también, puedo aclarar que soy un aparato sin función alguna tirado en el sótano.
Qué noches, qué invierno, qué verano, qué mierda.
Así es, él no puede estar solo y ella lo quiere lejos. y qué fastidio se vuelve ser dos cuando en mente es tú vida y la de nadie más. Qué importa el que dirán, no vale en este momento quién hable menos o golpee más la relación; al final, es frío o insensible.
Y ella planifica un termino perfecto, las palabras justas y bien profundas con la dulce esperanza de caer nuevamente, en eso que ya está por dejar atrás, eso que a veces no quiere necesitar.
Y él se prepara para oír cuánta estupidez dice su mujer, cuánto grito pase por lo podrido, cuánta incoherencia. Y no queda otra, no existe solución en medio del alboroto detestable de estar en el lugar equivocado.

Ella: Me cansé de tu falsa modestia, tu constante amargura y celos sin razón. He perdido la noción del tiempo y no sé cuánto he perdido sin ti, no vale lo franco que eres a ratos, no sirve tu miserable disposición, no quiero nada de lo que restas cada día ni merezco tanta hipocresía. Si bien estás con la cabeza en alto y ni siquiera puedes detenerme, más no puedo hacer aquí, más no quiero estar así, mejor lárgate de una vez, despídete de los tres recuerdos que guarda tu débil coraza y permíteme desvanecerme.
Te desconozco y me avergüenzo, puedes comprender lo idiota que he sido, lo imbécil que fui y lo enamorada que estaba cuando por décima vez te perdoné. Hoy has absorbido mis ansias de ser libre y permanecer colgada de la traicionera esperanza, te has burlado de mi tolerancia y aún así, eres simplemente capaz; de mirarme a los ojos. Yo mordí mi cabeza cien veces, cien veces y adiós.


Él:
Yo no quiero ser el culpable eterno, el frío incondicional o aquel animal que acabas de describir. No entiendo tu forma de querer estar bien, porque si es eso lo que buscas, conmigo no dará resultado. Puedes decirme maricón encubierto, sin embargo, entre tantos insultos será el que menos dolerá. No creo que seas idiota, claro está que no es el adjetivo que mejor te representa, no ése.
Puede cansarte una y otra vez, mandarme al diablo y volver ... si quieres puedes odiarme y permanecer colgada a tanta desgracia junta que acabo de procesar, puedes hacer lo que quieras, estás en tu derecho y mi respuesta siempre será tan invisible como la química entre nosotros.
Soy cobarde y mujeriego, todo eso y más, mientras decidas dejarme.



ahora ella es fría y él un insistente, en cambio yo ... muero entre los dos.

martes, 12 de mayo de 2009

La chica climas


Todos los días es 53 climas diferentes.
Y deja caer la lluvia al dormir, así los fantasmas se espantan,
así la vida no es tan silenciosa siempre.
Todos los días es 53 climas y padece bradicardia,
es un coctel de pastillas cuando el sol desobedece,
pero siempre está dormida, ella no deja de perderse.
Y quiere que la llamen mediterráneo o tropical,
a pesar de explotar y mirar devastación,
no quiere más, nada más.
Y puede esperar mientras nadie espera por ella,
y llueve, cae un rayo, el sol no quema y vuelve a dormir,
y no sabe cómo encasillar, y se pierde tal vez.
Ella es la chica climas, la egoísta de antaño,
La de pulso nefasto y cuenta regresiva,
Ésa que llueve mientras ríen.

- ¿Para qué esperar?
nunca se hizo escuchar, nunca me obedece.

Y no hago más


Y no hago más que respirar,
Sin entender el significado ni la permanencia,
No hago más que desvanecerme cuando es necesario,
Y continuo así, a veces aquí, otras desaparezco.
Y no hago más que crecer,
Dentro de la distancia y lo acoplado,
A cada paso después de la verdad,
Pero sigo aquí, con la cabeza erecta y mi mente que piensa,
Y no hago más que pensar y no hablar,
Dilatando el mundo, conmigo o sin él,
Después de eso que arde y deja para no seguir,
Y sigo sin estar, sin permanecer y respirar,
Agitando la velocidad,
Demostrando si es verdad lo cierto tan honesto,
Devorando montañas agridulces,
Corriendo del humo que asfixia y destruye,
Y no hago más que observar como unos se alejan,
Como otros se acercan, sigilosamente,
Sin despertar el único placer intemporal,
Ése que no hace demasiado en mi,
Ése que me hace llamar indescriptible.
Y no hago menos ni exagero,
Encima de las carencias y muy extraña valentía,
De echar todo al extremo, estando en la orilla cuando siento,
Estando tan lejos de no ser siempre ella, y no ellos.
Y no me detengo, y sigo siendo,
La del lugar equivalente, la resta de complicaciones,
La suma de contradicciones, sin proclamar,
Sin descansar cuando he debido,
Y constante es mi olvido, y autoritario es mi odio,
Más no puedo hacer nada, cuando siento menos.
Dobla la esquina, malgasta mentiras,
No busques salida, porque no hago más que olvidarte,
Siempre y cuando me lo permitas.

viernes, 8 de mayo de 2009

SUPOCONFIEVINA*


- La que supone
- La que confía
- La que evita
- La que -nada-.


Y ella se imagina todo antes de ver, complica lo fácil y lejos está el lugar de otro.
Y ella opta por seguir la razón, su bien estructurado cerebro y nada más.
Y ella imagina libremente lo que viene, cómo termina y dónde queda.
Y ella se vuelve histérica, insoportable para los demás, incluso paranoica.
Y ella no es nadie sin conclusiones, y ella es nada con nada, aunque así supone.
Y ella presiona, se excede constantemente y es negativa, porque claro, ella supone.
Y ella no ve algo significativo, y lo existente -debe- tener un porqué.
Pero ella es omnisciente, y también lo supone.


Y ella aterriza en lugares desconocidos, endebles y poco honestos.
Y ella nunca discute lo desagradable, ella no es grosera y siempre ríe.
Y ella es capaz de todo, nunca teme y ama con distancia.
Y ella es simple, fácil de engañar y de herir.
Y ella es una entre ninguna, fascina su realidad e idealiza sin examinar.
Y ella es tolerante, después comprende todo, aunque sigue siendo fácil de persuadir.
Y ella dice todo, sus pasos y mentiras de segundo, ella siempre se equivoca.
Pero ella no cae, y se levanta confiando en que mienten.


Y ella siempre corre kilómetros antes de enfrentar.
Y ella cuida sus palabras, disminuye sus impulsos y quiere, nada más.
Y ella cuida su cabeza, el tipo de latidos y la frecuencia entre ellos.
Y ella no camina lento, tampoco se apresura, ella simplemente toma asiento.
Y ella siente lentamente, se detiene cuando la tortura, se lamenta cuando pudo.
Y ella vive con pensar -intentar-, ella vive con el -puedo-, y renace con -no debo-.
Y ella atrapa decisiones nefastas y se entrega cuando debió evitar rotundamente.
Pero ella nunca avanza, y sueña con dejar de correr.


Y ella es libre en mente, y estrecha en cuerpo.
Y ella es siempre ella, nunca es -nosotros-.
Y ella se enamora en distintas ocasiones pero ninguna proyecta.
Y ella da el paso si está a su lado el segundo.
Y ella no extraña, y si lo hace, nadie se entera.
Y ella necesita pero no hará nada, no mientras sea invisible.
Y ella puede estar sola, aunque no ve diferencia entre estar y no estar.
Pero ella siente absolutamente todo, pero es nada a tiempo completo, para ella está bien … así no supone, confía en el silencio y evita un posible descontrol emocional.

martes, 5 de mayo de 2009

El invierno se queda


¿Y cuántos van? Quince, veinte o ninguno.
Llega con viento y manos congeladas, esperando que el mundo lo evite, se escondan y no reciba bienvenida, más allá quizás lo quieran, más acá me congela … ¿Pero quién lo disfruta?
Con él fumo en demasía por las noches, con él amanezco y llueve sobre mojado, con él me siento indefensa y a punto de sufrir algún sueño despierta, a través del vidrio lo veo y no se escapa, me persigue y vuelve por mi una vez más; disfrutando(lo). Antes caen hojas y el viento sopla, me sopla y quiero el anterior, tal vez lo llevo o es mío, no sé, me tiene sin duda. Y sigo con la nariz roja por horas, estupefacta frente a lo que espero y no quiero, lo que busco y pretendo, siempre viene y nunca se va. Pero me gusta siempre, en ocasiones me distrae y decido dormir, mientras él espera fuera de toda cordura; congelarme.
Le temo poquito, bien poquito.
Destruye flora y fauna, espanta los que cantan y sigue por ahí, vagabundeando o esperando a quién lo reciba, le cante y no critique. Yo no lo quiero pero siempre lo espero, no sé si lo extraño, pero creo en él, me empapa entera y no prohíbe bailar bajo ella, tan bajo, muy bajo junto a él y con ella.
Y no es celoso, para nada, ni hablar de eso, está muy lejos, es incapaz, todo lo comparte y en partes siempre se va. No sé si es depresivo durante un tiempo, tampoco sé porqué llora, pero me doy cuenta que ruge cuando llora, se desquita conmigo y la tierra; quizás qué herida esconde entre tanta cosa.
Ahora entra en mis zapatos y deja quietitos mis guías, lo siento señor enfurecido, me compre nueva ropa, conmigo no le va ni le viene, mejor quédese bien lejos, dónde nadie lo vea y guarde. Viene lento pero viene, aún no cuento días y ya abro los ojos, sé que me saluda y quiere llevarme, no sé para dónde, ni porqué. Aléjese y no me quite el color de mejillas, no me asuste ni quiera algo de mi, yo ya estoy cansada de anhelar su temperamento y me quedo por aquí.
¡Cómo es de frío! Noto porque lo siento, y le aconsejo conocer algo nuevo, no sea tan arisco.
Si usted se enterara de lo que hace la gente cuando llega y ruge, si imaginaras lo que divulgan de ti; cambiarías claramente. Es absurdo creer que todos ellos están equivocados, que inventan y de acuerdo pueden estar, no creo. Yo no lo odio ni rencor puedo sentir, le agradezco que aumente mis ganas de dar un vuelco definitivo, queriendo lo templado, en compañía si es posible, pero sola nunca más.
Son indefinidos los que sobreviví, unos corriendo con ella, y otros no sé qué fue de mi. Incluso lo conozco de abajo, lo miro y me reprocha de vez en cuando, sin embargo, no me importa … enójese si desea.

Yo te disfruto y vieras el embrollo que pasé meses atrás, soñaba con esto y hablaba de ti.
No sabes nada.
Por supuesto somos dos, quito el seguro de mi puerta y la venta vuelvo a abrir, puedes entrar si quieres, te esperé aunque me confunda, pero somos dos los que rugen y desean compartir. No me interesa cuan frío dicen que eres, no me incomoda que hablen de mi, puedes seguir siendo el mismo y espantar a los cobardes de aquí. El invierno me pertenece porque así lo decidí, es el único que no sufre metamorfosis y evita provocarlas en mi, qué drástico pero se siente diferente.

viernes, 1 de mayo de 2009

Todo gira, simpre vuelve.



Necesitaba un cambio rápido y drástico.
La opción era otra comuna, otros compañeros de curso, nuevas amistades y enemistades … todo junto de una vez. Ella no sabía lo duro que sería dejar atrás la rutina, de hecho extrañaba la mayor parte del día la fuerza que dudó tener al momento de equivocarse. Pero ya estaba hecho, su cabeza lo quiso así y nada podría hacer para cambiar. Su amante en esa etapa lo era todo y estaba decidida a actuar por no perder lo que en tan poco tiempo iba a olvidar. Estaba preparado y ella muy nerviosa, casi tímida, muy torpe.
Un día fue suficiente, no era extraño sentirse -nueva- en aquel lugar, menos imaginó que la vida de un adolescente se tornaría tan incomoda. Ese día creyó en la alternativa, en la única que se convertiría -su adorada aliada-. Todos la miraban, la analizaban y por si fuera poco; idealizaban.

X: Ella es su nueva compañera, espero la acojan de la mejor manera posible.
Ella: -Quiero salir de aquí- (pensaba).

No los conozco, pero de él algo sabía”.
Claro, días antes una infiltrada dio detalles importantes de cada uno, le advirtió con quién hablar y a quienes debía evitar al llegar. Recuerda perfectamente al individuo con seguridad desbordante, ése que no la dejó en paz en meses. Pero estaba segura, muy segura, que en ese rincón habitaba un personaje extraordinario.
Los días y semanas comenzaban a ser intensos, se ganaba el respeto de los expertos y reía junto a sus dos compañeras, sin embargo, la tercera llevaba su sangre… “ya no estaba sola”.
Tenía curiosidad máxima de acercarse pero nunca lo intentó, era casi patético tanta mirada y poca conversación, aunque para ella era lo más exótico del día; el rincón.
Su amante le hacía la vida difícil, alteraba su estado de ánimo y exigía más tiempo, mucho más del que merecía. Las calificaciones iban de viento en popa, con altos y bajos, con bastante pelambre asientos más atrás y la envidia que confundía la amistad en su totalidad. Estuvo en riñas todo su primer año, en la lista negra y golpes al pasar, tuvo de mucho en mucho, pero nada le importó. Pasó como si nada, por delante de ella, frente a ella y nada en absoluto. Así fue durante los tres años siguientes, ella peleaba sin limites, se abrazaban escasas veces y volvía a odiarlo. Su amante no fue más que una pared y constantes desilusiones, de pronto se dio cuenta y abrió los ojos; él no estaba a su altura.
Días de luto, domingos sola, ya no había que arriesgarse los días de lluvia, ya no. Dejó una etapa de lado y despertó la imagen de ser ella y nadie más. Para algunos ver soltera a la chica era -LA- oportunidad de entrar por los ojos, seducirla y jugar al igual que el anterior, en cambio ella no dejaba el rincón.
Era tarde y el timbre sonaba, era hora de tomar sus cosas y largarse. Era lo de siempre, la última en salir y asumir que al pasar las horas estaría en el mismo lugar y siendo la misma

Rincón: Cuídate, que estés bien.
Ella: Tú también. Dice -ordenando su desastre-

Y no lo pudo creer, le robó algo, ni siquiera se tomó el tiempo de embriagarla, el objetivo era el beso.
En ese segundo su perspectiva dio el giro interno.
Se seguía burlando de ella, la golpeaba, insultaba irónicamente y después le robaba un abrazo. Era el cariño más estúpido que llegó a sentir, pero estaba de acuerdo en ello. Ya no era el rincón, simplemente pasaba a ser un -algo- raro. El lo mantenía en secreto supuestamente, eso decía uno que otro compañero, tal vez eran dos los misteriosos. Hubo veces en que el odio era la visión de día, no se hablaban, se despreciaban y a los segundos lograban cruzar dos palabras cariñosas. Los demás miraban descaradamente, comentaban el “amor-odio” entre ellos, lo obvio que llegaba a ser su atracción, pero sin duda asquerosa relación.
Las cosas no cambiaban, nunca fue así, él se rindió, ella se cansó de esperar. Aunque terceros inventaran situaciones o comentarios que los favoreciera; ellos no cedían,
Tercer año y sentía que algo había cambiado, congeniaban más, ya no era “la compañera de curso” como solía llamarla, ya no existía esa despedida-saludo de tipo “distancia” o “dar la mano”, ahora eran -personas-. Era cómico pero todos decidían a principio de año quién sería el acompañante de banco, algunos corrían y se peleaban, unos tantos preferían lo singular. Se sentaba sola en el ultimo banco de la segunda fila, tenía comida por doquier y de vez en cuando los sueños en clases era su obsesión. No recuerda el día ni el mes en que el rincón tomó sus cosas e invadió la segunda fila, cerca de ella, todos los días, por ocho horas y sin previo aviso.
Ella: “ no sé quién te invitó, tal vez es cosa de crear técnicas, hacer tus ocho horas incomodas y al fin decidas largarte … aunque no es tan malo, tal vez es momento de ser agradable”.
Y no fue así.
El año que lo tuvo cerca, al lado, a centímetros de ella … fue como estar sola. No se saludaban, uno dormía y el otro no prestaba atención, todos los miraban, y como antes -a ninguno le importaba-.
Era el mes de su cumpleaños, llegó tarde y la gente se acercaba con regalos y abrazos simpáticos, opacando el rincón, quién decidió saludarla al final del día y a través de un papel.

“ feliz cumpleaños =)”

(a pesar de tardar tanto, fue el gesto que más le agradó).

No estaba al tanto de su vida, a veces ella creía que la odiaba, le apestaba sentirla cerca. Parecía cuento falso el de ellos, ni siquiera la primera vez bastó para estar de pie cuanto quisieran, nunca fue suficiente entre tanto alboroto y el interés acabó con el año. Entre estar confundida y él -dolido- la imagen cambió, creyeron estar equivocados rotundamente, ya no existía y tampoco harían el esfuerzo.
Hubo engaño, mentiras y un sinfín de mal intenciones, nada podría unir lo que nunca pudo ser en tantos días, nadie tendría el don de abrir lo que definitivamente ambos cerraban sin cesar.
Y terminó su año angustiada en todo sentido, no quiso saber de sus más cercanos, ni en mente tenía la alegría de cerrar un capitulo tan largo, aquel capitulo que deseaba reparar. Se fue velozmente y cambió sus expectativas junto a esa odiada amistad. No pretendía incubar rencor pero era inevitable, todo le recordaba.
Los días no eran los que deseaba, incluso olvidó la gente que por tres años saludó y a carcajadas consiguió guardar.

Dos años tuvo encima sin enterarse de qué o quién pasaba por sus vidas, no estaba al tanto de rumores pero sí sabía que el papel de ella; era el peor.
Quedó como puta, la más puta de todas, esa que no tiene escrúpulos y destruyó amistad sin arrepentirse.
A pesar de saber sólo ella la verdad, no hizo nada por aclarar el embrollo inventado por su -YO- maligno.
Lo mejor del tiempo es que tuvo el valor de buscar, acercarse y hablar con aquel rincón que pensaba perdido. La vida dio vueltas increíbles, todas a su favor y con la conciencia libre de ataduras, era ella frente a una verdad que debía aclarar y tanto costo sacar al mundo de todos.
Esa fue la vez que nunca olvidó, de hecho imaginó mil veces la forma y las palabras que debía usar para llegar y cambiar lo extraño de estar frente a un antes -nada-. Lejos el orgullo fue pateado entre “estar y no estar”, entre “querer y sanar” … era completamente su lugar.
Después de ciertas situaciones que odió y deseó vivir nuevamente , estaba la razón que mantuvo por dos años el interior rodeado de remordimiento, ésa faceta incapaz del ser humano cuando sobrepasa el límite impuesto.

Hoy.

Ella: Fue de ambos.
Rincón: Eso está claro.
Ella: ¿Porqué nunca hablaste?
Rincón: No quería saber de ti.
Ella: Fue de ambos.
Rincón: insisto, está claro.
Ella: entonces, ¿seguirás buscando?
Rincón: no.
Ella: Estoy aquí.
Rincón: Nos quedamos.

Yo no era partícipe de esta historia, pero tenía claro el punto exacto que hizo explotar tanta conspiración. Hoy es hoy, ayer no fue más que impulsos de adolescentes. Mi conciencia está en orden y conciente que aquí, Ella y él, no son más que víctimas de un poderoso sentido.
El odio y no congeniar los dirigió al -no esperado- “te quiero” que llena el desastre olvidado.

Y el mundo gira, ¿ves? … y ellos giran, pero en el mismo sentido.