Él es frío
Despertar.
No hablan y no tambalean; ellos mueren.
Todos los días es así, nada saben del otro, no comparten el estrecho saludo y lejos están de amar nuevamente. Quizás padecen olvido crónico, sin extrañar un poco lo melosos que eran, fueron y ya no existe(n). El trabajo, el stress, contaminación acústica, enredos pasionales, sexo sin amor y por si fuese poco; una vida de dolor.
No oyen los discos de meses anteriores, también, puedo aclarar que soy un aparato sin función alguna tirado en el sótano.
Qué noches, qué invierno, qué verano, qué mierda.
Así es, él no puede estar solo y ella lo quiere lejos. y qué fastidio se vuelve ser dos cuando en mente es tú vida y la de nadie más. Qué importa el que dirán, no vale en este momento quién hable menos o golpee más la relación; al final, es frío o insensible.
Y ella planifica un termino perfecto, las palabras justas y bien profundas con la dulce esperanza de caer nuevamente, en eso que ya está por dejar atrás, eso que a veces no quiere necesitar.
Y él se prepara para oír cuánta estupidez dice su mujer, cuánto grito pase por lo podrido, cuánta incoherencia. Y no queda otra, no existe solución en medio del alboroto detestable de estar en el lugar equivocado.
Ella: Me cansé de tu falsa modestia, tu constante amargura y celos sin razón. He perdido la noción del tiempo y no sé cuánto he perdido sin ti, no vale lo franco que eres a ratos, no sirve tu miserable disposición, no quiero nada de lo que restas cada día ni merezco tanta hipocresía. Si bien estás con la cabeza en alto y ni siquiera puedes detenerme, más no puedo hacer aquí, más no quiero estar así, mejor lárgate de una vez, despídete de los tres recuerdos que guarda tu débil coraza y permíteme desvanecerme.
Te desconozco y me avergüenzo, puedes comprender lo idiota que he sido, lo imbécil que fui y lo enamorada que estaba cuando por décima vez te perdoné. Hoy has absorbido mis ansias de ser libre y permanecer colgada de la traicionera esperanza, te has burlado de mi tolerancia y aún así, eres simplemente capaz; de mirarme a los ojos. Yo mordí mi cabeza cien veces, cien veces y adiós.
Él:
Yo no quiero ser el culpable eterno, el frío incondicional o aquel animal que acabas de describir. No entiendo tu forma de querer estar bien, porque si es eso lo que buscas, conmigo no dará resultado. Puedes decirme maricón encubierto, sin embargo, entre tantos insultos será el que menos dolerá. No creo que seas idiota, claro está que no es el adjetivo que mejor te representa, no ése.
Puede cansarte una y otra vez, mandarme al diablo y volver ... si quieres puedes odiarme y permanecer colgada a tanta desgracia junta que acabo de procesar, puedes hacer lo que quieras, estás en tu derecho y mi respuesta siempre será tan invisible como la química entre nosotros.
Soy cobarde y mujeriego, todo eso y más, mientras decidas dejarme.
ahora ella es fría y él un insistente, en cambio yo ... muero entre los dos.