
¿Y cuántos van? Quince, veinte o ninguno.
Llega con viento y manos congeladas, esperando que el mundo lo evite, se escondan y no reciba bienvenida, más allá quizás lo quieran, más acá me congela … ¿Pero quién lo disfruta?
Con él fumo en demasía por las noches, con él amanezco y llueve sobre mojado, con él me siento indefensa y a punto de sufrir algún sueño despierta, a través del vidrio lo veo y no se escapa, me persigue y vuelve por mi una vez más; disfrutando(lo). Antes caen hojas y el viento sopla, me sopla y quiero el anterior, tal vez lo llevo o es mío, no sé, me tiene sin duda. Y sigo con la nariz roja por horas, estupefacta frente a lo que espero y no quiero, lo que busco y pretendo, siempre viene y nunca se va. Pero me gusta siempre, en ocasiones me distrae y decido dormir, mientras él espera fuera de toda cordura; congelarme.
Le temo poquito, bien poquito.
Destruye flora y fauna, espanta los que cantan y sigue por ahí, vagabundeando o esperando a quién lo reciba, le cante y no critique. Yo no lo quiero pero siempre lo espero, no sé si lo extraño, pero creo en él, me empapa entera y no prohíbe bailar bajo ella, tan bajo, muy bajo junto a él y con ella.
Y no es celoso, para nada, ni hablar de eso, está muy lejos, es incapaz, todo lo comparte y en partes siempre se va. No sé si es depresivo durante un tiempo, tampoco sé porqué llora, pero me doy cuenta que ruge cuando llora, se desquita conmigo y la tierra; quizás qué herida esconde entre tanta cosa.
Ahora entra en mis zapatos y deja quietitos mis guías, lo siento señor enfurecido, me compre nueva ropa, conmigo no le va ni le viene, mejor quédese bien lejos, dónde nadie lo vea y guarde. Viene lento pero viene, aún no cuento días y ya abro los ojos, sé que me saluda y quiere llevarme, no sé para dónde, ni porqué. Aléjese y no me quite el color de mejillas, no me asuste ni quiera algo de mi, yo ya estoy cansada de anhelar su temperamento y me quedo por aquí.
¡Cómo es de frío! Noto porque lo siento, y le aconsejo conocer algo nuevo, no sea tan arisco.
Si usted se enterara de lo que hace la gente cuando llega y ruge, si imaginaras lo que divulgan de ti; cambiarías claramente. Es absurdo creer que todos ellos están equivocados, que inventan y de acuerdo pueden estar, no creo. Yo no lo odio ni rencor puedo sentir, le agradezco que aumente mis ganas de dar un vuelco definitivo, queriendo lo templado, en compañía si es posible, pero sola nunca más.
Son indefinidos los que sobreviví, unos corriendo con ella, y otros no sé qué fue de mi. Incluso lo conozco de abajo, lo miro y me reprocha de vez en cuando, sin embargo, no me importa … enójese si desea.
Yo te disfruto y vieras el embrollo que pasé meses atrás, soñaba con esto y hablaba de ti.
No sabes nada.
Por supuesto somos dos, quito el seguro de mi puerta y la venta vuelvo a abrir, puedes entrar si quieres, te esperé aunque me confunda, pero somos dos los que rugen y desean compartir. No me interesa cuan frío dicen que eres, no me incomoda que hablen de mi, puedes seguir siendo el mismo y espantar a los cobardes de aquí. El invierno me pertenece porque así lo decidí, es el único que no sufre metamorfosis y evita provocarlas en mi, qué drástico pero se siente diferente.